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“El espacio público es el test para ver el carácter democrático de una ciudad” 24 Març 2011

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Jordi Borja. Urbanista

Vinculado a los movimientos ciudadanos barceloneses desde los años 60, Jordi Borja fue miembro del gobierno de Barcelona entre 1983 y 1995. Hoy es director del área de Gestión de la Ciudad y Urbanismo en la Universitat Oberta de Catalunya. Muy crítico con las políticas urbanísticas actuales de su ciudad, Barcelona, Borja es geógrafo y urbanista experto en ciudadanía y espacio público que ha trabajado como consultor en ciudades de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. El autor de libros como La ciudad conquistada (2003) o Urbanismo en el siglo XXI, Barcelona, Bilbao, Madrid y Valencia (2004), estuvo el pasado 7 de marzo en Bilbao para hacer la conferencia inaugural del Congreso Trans/formaciones de AlhóndigaBilbao.

El último libro que estás escribiendo se llama Revolución urbana y derecho a la ciudad, ¿a qué te refieres cuando hablas del derecho a ciudad?

Lo que quiere decir es que en la ciudad las necesidades no se pueden resolver sectorialmente, por separado. De nada sirve proclamar el derecho a la vivienda si esto consiste en vivir en un polígono aislado, en un barrio cerrado o en una zona degradada y tampoco sirve de mucho tener derecho a la vivienda si no tienes también acceso a la movilidad, a una zona de centralidad próxima, etcétera. Así que el derecho a la ciudad incluye derechos específicamente urbanos como el transporte, los equipamientos o la vivienda, pero también derechos de carácter socioeconómico, político y cultural. Significa tener acceso a trabajo, a la educación y la salud pública, a la igualdad de derechos políticos,… Es un concepto complejo que sirve para orientar las políticas urbanas, que han de ser transversales, integrales y participativas porque al final la ciudadanía no es solo gente que vive en una casa y se mueve, sino que es todo a la vez.

Ya en los años 90 hablabas de la pérdida del espacio público. Hoy en día los colectivos ciudadanos y muchos urbanistas siguen denunciando la pérdida de los espacios colectivos, ¿se ha avanzado, o estamos igual que hace 15 años?

Hay tendencias contradictorias, por un lado es evidente que en general, y esto es algo que se ve en Bilbao, en Vitoria y en Donostia como en muchas otras partes, ha habido una recuperación de los espacios públicos en la ciudad central y en el caso de Bilbao la operación de la ría ha generado unos espacios públicos de calidad. Pero al mismo tiempo hay tendencias en el sentido contrario. Por una parte se ha ido creando la psicosis de la inseguridad, algo que es curioso porque por lo menos en Europa Occidental e incluso en Norteamérica, nunca en la historia de la humanidad había habido espacios tan seguros como las ciudades actuales. Y en cambio, en encuestas, en campañas mediáticas, etcétera, se habla constantemente del tema de la inseguridad.

Entonces ¿por qué tenemos una sensación de creciente inseguridad en las ciudades?

Eso tiene una parte de subjetivismo, los sectores medios que han mejorado mucho su calidad de vida de alguna forma temen perder algunos de estos elementos porque hay pequeña delincuencia urbana, hay pobreza, y eso genera malestar. Pero por otra parte también hay una manipulación, es una forma de evitar que haya un espacio público conflictivo. Eso lleva a una tendencia a la vigilancia de los espacios públicos, con lo cual parte de su aspecto informal, su condición  de espacio donde la gente se pueda sentir libre, se pierde, y muchos espacios públicos son muy vigilados o con derecho de admisión. Así que tenemos dos realidades, una tendencia a una mayor cantidad y calidad de espacios públicos, pero al mismo tiempo una tendencia a privatizar y vigilar estos espacios.

Tú has sido muy crítico con la ordenanza cívica de Barcelona, que se hizo famosa por su carácter estricto. El año pasado Bilbao aprobó también una nueva ordenanza de civismo…

La de Barcelona fue la que inició una campaña e incluso fue copiada en ciudades de otros países como Italia. Yo personalmente creo que las ordenanzas cívicas son dignas de un gobierno fascista, no digo que quienes las hayan redactado sean fascistas, pero estas normas son fascistas en su concepción por dos razones, la primera porque practican una represión preventiva, es decir, la presencia en el espacio público ya lleva a la gente a ser sospechosa, y en segundo lugar porque criminalizan a colectivos sociales enteros, a los jóvenes, a los inmigrantes, a los pobres, etcétera. La de Barcelona es especialmente aberrante porque es una acumulación de comportamientos entre sí, están los que comen o beben en la calle, los que piden limosna, las personas sospechosas de prostitución, los que van en bicicleta,… Es totalmente inaplicable y la realidad es que en gran parte no se aplica, lo cual lleva a la arbitrariedad y además se dan casos extremos. Por una parte hay una retórica, diciendo “también es incívico practicar la xenofobia”, pero esto es muy genérico, y en un artículo posterior se dice que a aquellos inmigrantes en situación irregular que denuncien a otros sospechosos de cometer actos delictivos, el Ayuntamiento hará gestiones para facilitar su regulación. Imagínate los abusos a los que puede llevar una cosa así.

¿Crees que se puede encontrar un balance entre la normativa y la libertad de uso?

La cuestión es que tanto las normas existentes en el Código Penal como las normativas que ya tiene la ciudad dan medios más que suficientes para actuar ante comportamientos incívicos. Yo no digo que no haya que sancionar estos comportamientos, la gente que deteriora el mobiliario urbano claro que tiene que ser sancionada, pero muchas de las cosas que se dan en el espacio público tienen el origen en su riqueza, porque es un espacio que permite muchos usos y por lo tanto es evidente que algunos entrarán en contradicción. Si hay unos chicos que juegan al fútbol y unos viejecitos que están tomando el sol, ya tienes un conflicto. Pero estas situaciones dan lugar a la conciliación y a la mediación y muchas veces son las entidades ciudadanas o barriales quienes hacen la mediación y lo resuelven sin necesidad de aplicar sanciones.

Últimamente se habla mucho de la movilidad y de la necesidad de ahorrar energía en el transporte. En Euskadi predomina el uso del coche privado, ¿cuales crees que son las claves para ir hacia una movilidad más sostenible?

Yo lo resumiría en tres o cuatro puntos. Primero, hay que optar por la ciudad compacta, por el crecimiento continuado de los tejidos urbanos. En segundo lugar, tenemos que favorecer la mezcla de empleo y residencia, yo no digo que todo el mundo tenga que trabajar en el mismo barrio en el que duerme, pero sí una parte de la población, en la ciudad se tienen que hacer muchos desplazamientos a pie. En tercer lugar, hay que favorecer la existencia de nuevas centralidades, que no haya un centro que acumule todos los equipamientos y servicios de alto nivel, y por último, apostar por el transporte colectivo, por las energías más renovables y penalizar los grandes proyectos que fragmentan el territorio metropolitano, aquellas operaciones digamos fuera del tejido urbano que generan mucha más movilidad privada. El transporte público tiene que ser la forma normal de funcionar de la ciudad, al menos durante la semana laborable. Así que no se trata de una sola política, tiene que ser un conjunto que integre el urbanismo, el uso de energía y los comportamientos sociales.

Trans/formaciones, los tiempos que contiene la ciudad

La metrópolis como espacio de conflicto, entramado complejo de relaciones sociales, políticas y culturales y escenario de cambio constante. Ese es el eje de Trans/formaciones, una exposición sobre la ciudad que acoge estos días AlhóndigaBilbao entorno a la cual se celebra también un congreso, talleres y seminarios. En la conferencia inaugural, el experto en ciudad Jordi Borja habló de la ciudad como “el espacio que contiene los tiempos”.

Explicaba Jordi Borja, profesor y escritor vinculado al movimiento ciudadano de Barcelona desde los 60 hasta la actualidad, que históricamente la ciudad acogía los cambios a través de la agregación, pero hoy se hace mediante la “substitución y demolición”, con procesos que llevan del abandono al derribo, a la homogeneización y a la especialización, con “centros históricos museificados“. Según el autor de libros como La ciudad conquistada, la metrópolis ha de saber conservar los tiempos, y en el caso de Bilbao, se preguntaba si la urbe sabrá mantener el de la industria: “el tiempo de las fábricas es el tiempo del trabajo y los movimientos sociales, ese es el tiempo de todos, no el de las iglesias y los edificios militares”. En la conferencia de inauguración del congreso Trans/formaciones, Borja lanzó duras críticas a la política urbanística barcelonesa, donde los procesos de substitución han provocado un cambio de población, expulsando a parte de la ciudadanía, y donde en muchos casos se conservan solo “tiempos fingidos, turísticos”.

Durante el congreso participó también Manuel Delgado Ruiz, quien daba una visión del espacio urbano a través de la antropología para hablar de la ley de la hospitalidad: “la condición de invitado implica una incorporación moral, pero no práctica, una asimilación provisional (…) que enfatiza que las personas a quienes se deparan consideraciones especiales no tienen obligaciones pero tampoco derechos”. El antropólogo utilizó el caso de la boda de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín en Barcelona en 1997 para analizar el significado de los itinerarios de la ciudad. “Las calles tienen memoria, no son espacios asépticos e inocentes”, explicaba. Así, las decisiones acerca de por donde debían pasar los novios estuvieron envueltas en conflicto y simbolismos, como el recorrido hasta la Basílica de la Mercè del coche oficial, un camino que realizan los jugadores del Barça cuando ganan un trofeo. Según Delgado, los desfiles reales, así como las procesiones religiosas, han sido históricamente “un acto que consiste en imprimir el poder en el entorno”. El experto en antropología urbanística ofrecía el caso de la boda real como ejemplo para la reflexión acerca de lo que significan los itinerarios, “cuando sales a dar una vuelta, cada lugar por el que eliges pasar tiene unas implicaciones, conscientes o inconscientes”.

El congreso Trans/formaciones, que se celebra hasta el 11 de marzo, acoge a expertos en urbanismo desde diferentes perspectivas, desde la mirada literaria, con el arquitecto Juan Calatrava, quien analizó París desde los escritos de Balzac, Baudelaire y Émile Zola, hasta políticas, culturales y sociales. Además de las conferencias, se han organizado también diferentes seminarios y talleres: La forma y la norma, La ciudad 2.0 y Walter Benjamin, itinerarios de ciudad. La exposición Trans/formaciones, ciudad: espacios y tiempos, en torno a la cual se enmarcan las diferentes actividades, estará en AlhóndigaBilbao hasta el próximo 1 de mayo.

Font: Euskadiinnova.net  17/03/2011

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