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Algo que no se puede fingir 13 Març 2012

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El País- El viajero 17/02/2012 – Por qué el encanto funciona especialmente en un mundo dominado por las franquicias.

El encanto ha sido excluido de la vida moderna en el momento en el que más lo necesitamos. Lo está destruyendo una generación creciente de ejecutivos con aversión al riesgo y con unos planes que pretenden lo imposible: obtener el máximo beneficio contentando al mayor número de gente posible.

El encanto no implica esfuerzo, pero a la vez supone una responsabilidad. Y también requiere un grado de honradez e integridad: no es algo que se pueda fingir (aunque el sector servicios estadounidense haga grandes esfuerzos), y eso precisamente lo convierte en una cualidad tan especial.

El encanto es completamente humano: tiene que ver con el carácter y la individualidad. Ya sea un hotel o una calle, una ciudad o una tienda, un aeropuerto o un café, cuando resulta encantador es porque hay algo en eso profundamente humano con lo que conectamos, ese efecto fruto del uso frecuente o esa familiaridad de una rutina perfeccionada. No hay nada encantador en Dubái, donde chocan rascacielos con autopistas de 12 carriles; o llamadas telefónicas automatizadas.

El encanto tiene que ver con la convicción de tener una opinión, seguir un instinto, alimentar una pasión, no con preguntarle a mil personas lo que piensan y tratar de quedar bien a medias con todos. Internet no solo carece de encanto por resultar vacío de interacción humana: también es una herramienta a través de la cual todo el mundo tiene derecho a opinar. Desde un hilo de comentarios hasta el veneno de TripAdvisor, Internet da voz a un millón de comentaristas de sofá y anima tanto a la gente como a las empresas a “andarse con cuidado” para agradar a las masas.

El encanto no es cuantificable, por eso los asesores de empresas y los poseedores de MBA lo pasan por alto. Las decisiones que se toman en la sala de reuniones acerca del futuro de una ciudad, de un edificio o de una empresa no tienen en consideración la importancia del encanto. Apostar por una cualidad no medible en datos y cifras se considera el mayor de los riesgos, y sin embargo podría decirse que el encanto es el factor más importante para proteger negocios ya existentes, lo cual es incalculable en el clima financiero actual.

El encanto es también frágil: no es algo que puedas comprar (de nuevo Dubái), sino que lleva su tiempo cultivarlo y requiere protección porque, una vez que se pierde, es casi imposible de reinstaurar.

Por todas estas razones hemos decidido que el encanto ocupe un lugar destacado en 2012. En los textos siguientes hemos seleccionado propuestas clave con encanto; cada una de ellas lleva a cabo a la perfección su tarea sin precisar asesoría alguna en la gestión. Es un canto a la guerra. O a lo mejor, una guerra con encanto.

La revista Monocle nos presenta seis experiencias viajeras con mucho encanto. Encanto a manos llenas.

 

1.            Una tienda: Brook Farm, de Nueva York, que parece una extensión de la casa de sus dueños.

En una tranquila calle residencial de Brooklyn, bajo la sombra del puente de Williamsburg, está la Brook Farm General Store (www.brookfarmgeneralstore.com), una tienda de barrio que vende cosas para la casa y que parece mucho más antigua de lo que es ?lleva dos años y medio abierta?. El equipo formado por Chris Winterbourne y su mujer Philippa abrió Brook Farm para trabajar en el proyecto como pareja y es su enfoque personal lo que le otorga encanto.

Tras abandonar sus carreras en la televisión (Chris) y en la moda (Philippa), la pareja construyó el sobrio espacio de paredes blancas en 2009 en la planta baja de un edificio residencial más bien soso. “Hay un gran contraste entre el exterior y lo de dentro”, dice Chris Winterbourne. “A menudo la gente se sorprende al entrar”.

Con los estantes llenos de objetos como suaves toallas tunecinas de hammam, velas americanas de cera de abeja, cepillos suecos para el cuerpo y mantas de lana de Tourne, su propia línea la formación de los Winterbourne y su vida familiar influyen también en lo que ofrece Brook Farm.

Mientras que los clásicos platos franceses para mantequilla y los vasos de Duralex revelan que las raíces de la familia de Chris están en el sur de Francia, la creciente selección de juguetes de madera da pistas sobre el último que se ha sumado al clan, su hijo pequeño Arlo.

“Creo que nuestros clientes aprecian de verdad el esfuerzo que hacemos”, dice Chris Winterbourne. “Las tiendas grandes son un lío; hay demasiada gente a cargo. Aquí, cuando trabajamos duro vemos la recompensa directamente”.

2.            Un tren: la Rhätische Bahn suiza, en cuyos vagones el viajero puede bajar la ventanilla y asomarse a la naturaleza alpina.

Lento y pintoresco en su día, viajar en tren cada vez se parece más a la experiencia desangelada que suelen proporcionar las líneas aéreas.

El tren Rhätische Bahn (RhB, http://www.rhb.ch) de Suiza considera que hay ciertas cosas que es mejor no cambiar. A los que viajan en su tren color rojo brillante todavía se les permite abrir la ventanilla cuando el ambiente del vagón se pone pelín cargado y leer el periódico descansando sobre apoyabrazos de madera en condiciones; los túneles del montañoso cantón de losGrisones se lo ponen difícil al wifi. Los vagones tienen cortinas, moqueta y asientos tapizados de aspecto clásicamente ferroviario fabricados por gente de la zona.

En el exterior, los Alpes proporcionan a los usuarios la excusa perfecta para apartar los ojos de su trabajo mientras viajan por la región de Engadina a un ritmo menos frenético.

PUNTOS CON MÁS ENCANTO:

1. Un paisaje del que nunca te cansas. ¿Qué otro desplazamiento puede competir con las vistas del viaducto de Landwasser y la cima del Piz Bernina?

2. La oportunidad de respirar aire puro alpino. Estamos muy a favor de las ventanillas que se pueden bajar hasta la cintura y permiten a los pasajeros acercarse un poquito más a la naturaleza (y sacar desde más cerca una foto de ese panorama absolutamente espectacular). *

3. La puntualidad suiza, que representa un rigor honesto.

 

3.            Un restaurante: cerca de Milán, la Osteria della Villetta, en la que el servicio nunca es apresurado y donde apetece quedarse un buen rato de sobremesa.

Comer fuera es uno de los placeres más sencillos de la vida, pero demasiado a menudo, el interiorismo frío, los menús indescifrables y los chefs con exceso de celo se interponen ante una buena comida. Un almuerzo de fin de semana en la Osteria della Villetta(www.osteriadellavilletta.it ), una hora en coche al este de Milán, consigue que se recobre la fe en una profesión que da lo mejor de sí cuando se ciñe a sus principios básicos.

La decoración de estilo Liberty ha permanecido prácticamente intacta desde que el restaurante abrió sus puertas por primera vez para viajantes voraces en 1900, y las especialidades del día se recitan en alto.

El propietario, Maurizio Rossi, de la cuarta generación al frente de la cocina, sirve una comida regional reconfortante (albóndigas, pimientos dulces estofados y perca frita pescada en el cercano lago Iseo) que reemplaza a los platos de pasta de nombre historiado.

PUNTOS CON MÁS ENCANTO:

1. El chasquido del corcho cada vez que el dueño Maurizio Rossi abre una botella de espumoso italiano bien elaborado.

2. Platos de la zona hechos con ingredientes locales.

3. El servicio, que es familiar y nunca apresurado. Los comensales se quedan un buen rato de sobremesa.

 

4.            Una calle: Gemmayzeh, corazón de un barrio de Beirut que respira juventud y autenticidad.

Como muchos otros lugares del mundo, Beirut está perdiendo su encanto a medida que las franquicias se apoderan de las calles principales y se construyen pisos estandarizados. Por suerte, la monotonía globalizada no ha llegado todavía a la calle mayor del barrio de Gemmayzehni a su extensión en Mar Mikhael.

Es cierto que los restaurantes y bares toman cada noche la zona cuyo nombre procede del sicomoro local, pero no hacen más que añadirle carácter y vitalidad juvenil, pues llega el día siguiente y vuelven los comercios a vender de todo, desde manakish ?el desayuno principal? hasta antigüedades.

Hay un arraigado sentimiento vecinal en el barrio, tanto en los elegantes creativos que se han mudado aquí en la última década como en aquellos que ya llevan mucho tiempo. Este apego ayuda a proteger la zona de los promotores inmobiliarios interesados en sacar ventaja del encanto del barrio.

Aunque se estén construyendo edificios altos, la arquitectura sigue siendo el atractivo visual de Gemmayzeh, con sus bloques de apartamentos de ventanas abovedadas y azulejos coloristas que datan de la época del mandato francés.

PUNTOS CON MÁS ENCANTO

1. El carácter de la arquitectura es caótico y deja ver su uso a lo largo del tiempo.

2. Los cafés y bares diminutos, viejos y nuevos, que hay entre las tiendas.

3. La mezcla de residentes: todos ellos afirman sentir gran apego por la calle y el barrio.

 

5.            Un hotel: el Fasano de Sao Paolo, cuyo diseño implica una selección exquisita de materiales.

La familia Fasano lleva más de un siglo al timón de la hospitalidad paulista, dotando primero a São Paulo y después a Río de unos cuantos restaurantes de los mejores, no solamente de Brasil, sino del mundo.

Fue Rogério Fasano, a la cabeza de la cuarta generación, el que diversificó el negocio de restaurantes a hoteles al abrir el Fasano São Paulo(www.fasano.com.br) en 2003 y quien transmitió impecablemente el saber hacer de la familia de una industria a la otra. Su toque genial fue contratar al arquitecto local Isay Weinfeld para que proyectase el interior, y tras años de rastrear el mundo entero en busca de inspiración crearon juntos y desde casa lo que puede considerarse como el hogar definitivo. Los interiores de cuero y madera se suavizan gracias a las alfombras y a las luces de mesa y suelo diseñadas en exclusiva.

Un hotel es bueno si lo es su personal, y el Fasano tiene uno de los mejores equipos que se conozcan. Presidido por Rogério y su mujer, Ana Joma ?la “directora de calidad” que supervisa todo, “desde los baños hasta las tapicerías”?, el equipo es como una familia. Un personaje notable que resume el encanto del Fasano es Attico, el infatigable camarero del bar del hall. Attico ha servido bebidas a muchos presidentes brasileños a lo largo de su dilatada carrera con el clan Fasano.

“Es importante crear un lugar atrayente donde la gente se sienta cómoda, donde quieran pasar tiempo y regresar”, explica Rogério Fasano. “Una de las cualidades más importantes para nosotros es el servicio. La mayoría de nuestros colaboradores lleva con nosotros muchos, muchos años; algunos hasta 20 o 30. Reconocen a nuestros clientes cuando vuelven, tratan con ellos y saben lo que les gusta y lo que no. Nuestros clientes valoran esta atención”.

PUNTOS CON MÁS ENCANTO:

1. Un diseño íntegro que implica materiales sólidos y naturales, como la madera y el cuero, que dejan una pátina suntuosa.

2. Servicio: el personal que se comporta como una familia hace que los clientes se sientan en casa.

3. La luz baja proporciona el tono y el ritmo del entorno.

 

6.            Una panadería: Levain, en la localidad japonesa de Ueda, donde los clientes pueden relajarse en el café de la planta baja.

Hubo una época en la que el pan en Japón se limitaba al shoku-pan, una variedad industrial, esponjosa y como un bloque. Ha sido en la última década cuando se ha vuelto más fácil encontrar una panadería de barrio que venda hogazas artesanales.

Pero todavía es poco frecuente encontrar una que se tome la fabricación del pan tan en serio como le ocurre a Levain. Instalada en una casa de madera de hace 150 años en Ueda, es Mikio Koda quien regenta la panadería. Koda, que aprendió de un panadero francés residente en Japón, insiste mucho en los ingredientes de calidad.

Koda abrió su primera tienda en Tokio en 1984. Pero en sus viajes a Ueda para cuidar de sus padres ancianos oyó que un viejo almacén cercano estaba libre, y en 2003 abrió el negocio en su ciudad natal.

PUNTOS CON MÁS ENCANTO:

1. La hospitalidad. El personal de Levain invita a que todos se relajen en el café de arriba, donde los clientes se quitan los zapatos y se sientan sobre tatamis.

2. Los panaderos emplean solo ingredientes naturales y muelen el trigo a diario.

3. El toque de tradición de la tienda, ubicada en un antiguo almacén de sake.

 

http://elviajero.elpais.com/articulo/viajero/Algo/puede/fingir/elppor/20120217elpvia_1/Tes

 

 

 

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